Durante los primeros años de vida el ser humano adopta emociones que influyen en la salud, el entorno social y el bienestar personal.

LAS EMOCIONES COMPLEMENTAN LA MENTE Y EL CUERPO

La empatía es una de las emociones con mayor alcance en el desarrollo de las personas. Se refiere a la capacidad de percibir, comprender y sentir las experiencias y emociones de las personas que nos rodean. Se construye sobre la conciencia de uno mismo; es decir, cuanto más abiertos sean las personas con sus propias emociones, más hábiles serán para interpretar el estado de ánimo de los demás.

Algunos estudios afirman que todos los seres nacen con la capacidad de interpretar el estado de ánimo, desde personas con tendencias psicópatas hasta personas autistas; pero, ¿realmente todos interpretamos las emociones de la misma forma?

 El valor de la empatía puede desarrollar en las personas la capacidad de motivar y guiar positivamente a los demás.

Neuroespacio Empatía-2 ¿Por qué sentimos empatía por los sentimientos ajenos? Neurociencias todos los días

La naturaleza del ser humano permite que se establezcan conexiones muy concretas con la finalidad de unir estructuras cerebrales de las distintas zonas del cuerpo; éstas regulan la respiración, la función gastrointestinal, el sistema cardiovascular y el sistema hormonal. Como resultado de estos enlaces, el cerebro emocional se encarga de ser el soporte físico que conecta tanto la mente como el cuerpo y las emociones.

Dichas conexiones emocionales logran que el cerebro registre cierto malestar sensible al traducir la experiencias ajenas. En ocasiones, no somos conscientes de esta sensibilidad o resulta ser difícil de expresar. Debido a esta relación, algunos de los sistemas físicos pueden manifestarse mediante síntomas emocionales.

Los síntomas emocionales que el cerebro logra identificar, se resumen a tres mensajes:

  • Necesidades emocionales que no se han satisfecho
  • Deseos de cambiar nuestra vida para satisfacer dichas necesidades
  • Desequilibrios ajenos en nuestro alrededor y la necesidad de atenderlos

Por otro lado, los seres humanos constantemente reciben mensajes estimulantes en la que la bioquímica juega un papel fundamental, debido a que logra el equilibrio de nuestro estado emocional ante las vivencias de las personas cercanas y del resto del mundo. Por consiguiente, la calidad de nuestras relaciones depende de nuestra capacidad para compenetrarnos con los demás.

Ser empáticos contribuye a identificarnos con los demás y modificar radicalmente el entorno social en el que se vive.

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LA EMPATÍA NO PERTENECE A UNA ZONA DETERMINADA DEL CEREBRO 

Algunos especialistas consideran que todos los humanos son seres empáticos, por lo que es fundamental para fomentar las relaciones humanas. Dado que existen 2 tipos de empatía emocional: compasiva y angustia; en ambos tipos se activan diferentes zonas del cerebro, lo que permite que las personas interpreten de forma distinta las emociones ajenas.

De acuerdo a un estudio realizado por un grupo de investigadores de EUA, se determinó el origen la empatía. El estudio consistió en escanear el cerebro de 66 voluntarios, mientras se les relataban testimonios nostálgicos; algunos con final feliz, otros no. Al terminar de escanaer sus cerebros, los voluntarios tuvieron que meditar su percepción. Dentro de la empatía que despertaban las historias, pudieron apreciar patrones distintos: la solidaridad, la compasión y la angustia empática. En el primer patrón se identificaron áreas cerebrales como el córtex prefrontal ventromedial o la corteza medial orbitofrontal; zonas que permiten que el cerebro de valor a algo.

Al finalizar el estudio, comprobaron que la empatía no se produce en una zona determinada del cerebro, sino que intervienen otras partes. Con base en un artículo de neurociencias del diario español El País, se detalla la opinión del director del laboratorio de neurociencia de la Universidad de Colorado, Boulder, quien afirma que: “El cerebro no es un sistema por módulos donde haya una zona encargada de la empatía”. Esta afirmación determina que la empatía no se trata de un proceso aislado, sino de uno distribuido.

 Las áreas del cerebro que valoran la comida y el dinero, son las mismas que valoran la empatía.

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El estudio también valoró las reacciones que se desprendían de las historias más lamentables, mismas que despertaron mayor angustia. En estos casos, se activaron otras zonas del cerebro, como el córtex premotor o la corteza somatosensorial primaria. Ambas zonas participan en los procesos llamados de espejo, es decir, las personas se mostraron identificadas con las dolencias ajenas.

Otro hallazgo confirmado, es que las áreas cerebrales reaccionan a la angustia empática. Éstas, se activan al experimentar y observar acciones, sensaciones y expresiones faciales. Finalmente, los investigadores consideran que estos patrones a futuro, podrían intervenir para identificar trastornos como la psicopatía.

TIEMPOS DIFÍCILES 

Todas las personas mostramos patrones cerebrales similares aunque la emoción transmitida es  muy personal. En estos tiempos en lo que el egoísmo prevalece en el entorno, las muestras de compasión y solidaridad escasean. A pesar de la realidad, las emociones son personales y permanentes en la humanidad, por lo que la oportunidad de activarlas siempre será posible.

En el Departamento de Neurociencias de Hospital Ángeles Lomas, el Dr. Alonso Riestra Rodríguez  es especialista en neurología del comportamiento, además brinda un tratamiento con base en el perfil de cada paciente.

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