Hígado graso: consecuencia de la obesidad


La obesidad puede ser la causante de trastornos metabólicos, del aumento de la presión arterial, colesterol y triglicéridos, así como de problemas cardiacos, circulatorios y derrames cerebrales. Sin embargo, lo que mucha gente desconoce es que puede afectar gravemente a los órganos principales de nuestro cuerpo, entre ellos: al hígado.

La acumulación de grasa en las células de este órgano primordial para la vida humana, se le conoce como hígado graso o esteatosis hepática. Algunos de los principales factores de riesgo que se le asocian son: la diabetes mellitus y la obesidad, así como el aumento de triglicéridos en la sangre, cambios bruscos de peso (a causa de dietas sin control médico) o tener un historial familiar con esteatosis.

¿Por qué es importante cuidar a nuestro hígado? Se trata del órgano encargado de realizar algunas funciones esenciales en el cuerpo humano, tales como:

  • Trasforma los alimentos ingeridos en distintos elementos necesarios para el crecimiento y la vida (energía)
  • Modifica las proteínas en productos vitales para la coagulación normal de la sangre
  • Elimina y desintoxica al organismo de distintos medicamentos y elementos, incluido el alcohol
  • Mantiene la concentración de la glucosa (azúcar) en la sangre dentro de los límites fisiológicos
  • Produce las sales biliares (sustancia que ayuda a la absorción de grasas, así como de algunas vitaminas y minerales)
  • Por consiguiente, la nutrición y el hígado están relacionados de muchas maneras. Todo lo que comemos tiene que pasar por el hígado antes de llegar a otras partes del cuerpo. Los expertos señalan que la nutrición tiene considerable influencia en varios tipos de enfermedades hepáticas; por tanto, la buena alimentación puede ayudar a mantener un hígado sano.

    Síntomas
    La mayoría de los pacientes con hígado graso presentan: fatiga persistente o molestia en el cuadrante superior derecho del abdomen, malestar general y sensación de pesadez después de las comidas; aunque existen muchos casos en que los pacientes no presentan síntoma alguno. Es importante que ante la presencia de algún indicio, el paciente acuda al médico.

    Tratamiento
    Esta enfermedad no tiene un tratamiento específico, aunque se puede llegar a controlar. El procedimiento tiene como objetivo inhibir, a través de medicamentos y dietas, el aumento de grasa en el hígado, ya que este padecimiento puede generar daños hepáticos más graves de no ser controlado a tiempo. En este sentido, las medidas de prevención son fundamentales.

    En la actualidad, existen diversos procesos para detectar las posibles alteraciones del hígado, el médico puede ordenar exámenes de imágenes (iconografía), tomografías computarizadas (TC) o resonancias magnéticas (RM). También es posible obtener una muestra de tejido hepático para examinarlo al microscopio (biopsia).

    Cambiar nuestro estilo de vida

    Es esencial no escatimar esfuerzos en la prevención de esta enfermedad para preservar nuestra salud. En ocasiones, no es sólo la cantidad de comida lo que engorda, sino el tipo de alimento; la gente puede comer poco pero su dieta es alta en grasa. ¿Qué se puede hacer ante esto? Lo primero es considerar que la obesidad puede desencadenar un sinnúmero de enfermedades; asimismo, se debe entender que aunque comer es un placer, son nuestros malos hábitos los que nos han llevado a ese peso y que no se puede modificar mientras la forma de comer continúe siendo la misma.

    Por un hígado mejor...

  • Tratar de mantener el peso ideal.
  • Evitar cambios bruscos de peso.
  • Disminuir la ingesta de alimentos grasosos, como chorizo, tocino, carne roja y embutidos; así como de productos con azúcar refinada, como galletas, chocolates y pasteles.
  • Evitar el consumo de cualquier tipo de bebida con alcohol.
  • En caso de ingerir alimentos por la noche, éstos deben ser ligeros (ensaladas) y ser ingeridos 3 o 4 horas antes de acostarse.
  • Entre cada comida es recomendable dejar pasar un lapso de 4 horas, para que no se sobrecargue el trabajo del hígado.
  • Consumir cereales integrales y alimentos naturales, como arroz, pastas, trigo, frutas, verduras, pollo y pescado.
  • Realizar ejercicio diario al menos 20 minutos (caminar, correr, andar en bicicleta).
  • Consultar al médico.
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