PROCEDIMIENTOS
Trastornos de la Alimentación

Los trastornos de la alimentación -particularmente la anorexia y la bulimia- no son enfermedades exclusivas de niñas "bien" ni de jóvenes presumidas preocupadas sólo por su apariencia. El peso y la talla no son los únicos criterios para el diagnóstico exhaustivo, ya que se trata de un padecimiento psiquiátrico. La anorexia nerviosa, por ejemplo, es la enfermedad de más alta mortalidad mundial dentro del campo de la salud mental; cobra la vida de 5% de las personas que la padecen.

"No es una epidemia, pero es alarmante el aumento de la incidencia y relevancia de estos trastornos", afirma Armando Barriguete Meléndez, psiquiatra y psicoanalista miembro de la Academia para Trastornos de la Alimentación de Nueva York, consultante honoraria del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, así como autor de innumerables artículos y textos sobre el tema, entre ellos "Anorexia nervosa: desde sus orígenes a su tratamiento", catalogado en España corno el mejor libro sobre el tema.

Más allá de su gravedad, dice el experto, es un problema de salud que se pasa por alto de manera irresponsable y cruel. "Se piensa que en un país con hambre no vale la pena emplear recursos económicos en niñas ricas que hacen berrinche y no quieren comer".

Lo preocupante es que esta enfermedad anteriormente se presentaba a partir de los 16 años de edad, en la actualidad, advierte el especialista, existen casos en que aparece a los 10 años. Esto se debe, entre otros factores, a que los niños padecen mayores tensiones propias del mundo moderno, "individualista y exigente". Además, las complicaciones del diálogo familiar y la información excesiva que producen los medios de comunicación pueden generar angustia en ellos.

"Un día atendí a un niño de un año y medio de edad. Al igual que su madre, el pequeño también era anoréxico. Constantemente reclamaba la atención de su progenitora a través del único medio posible: el rechazo al alimento. La comida es un canal de relación con uno mismo y con el otro".

Otro sector de la población vulnerable frente a los trastornos de la alimentación son los migrantes. Diversos estudios han demostrado que la cultura es determinante, ya que exacerba o inhibe el riesgo frente a dichos trastornos, y en personalidades frágiles genera problemas.

Una investigación del doctor Barriguete, realizada entre 1997 y 1999 en Michoacán, señaló que los purépecha mostraron menor preocupación por su figura y que ignoraban la existencia del prototipo delgado de belleza. Sin embargo, los michoacanos que emigraban a Estados Unidos, lejos de sus tradiciones, se topaban con los prototipos de Occidente, adoradores de la apariencia. Sin el cobijo de los suyos, los ritos y las fiestas, experimentaban la sensación de vacío.

En estos casos, la distancia y el cambio del entorno pueden generar incertidumbre e inquietud, sostiene el experto. Los migrantes se sienten solos y su alimentación cambia. Además, en Estados Unidos la comida se sirve en proporciones gigantescas. "Todo eso puede provocar padecimientos como obesidad y diabetes".

Por ejemplo, una joven de 18 años de origen purépecha que emigró a Estados Unidos tuvo que compartir trabajo agrícola con algunos varones, sin embargo, al poco tiempo fue aislada; no encontró lugar en ese mundo masculino. Sola, alivió la depresión con abundante comida. Posteriormente le aterró el exceso evidente en su cuerpo, y aprendió a inducirse el vómito.

En ese caso, no funcionó el escudo cultural contra la bulimia. "De manera violenta, la muchacha se vio inmersa en una sociedad occidental", explica Barriguete. El error de considerar este tipo de trastornos como una enfermedad de las clase media y alta se basa en que la grave preocupación por la figura, que se cristaliza en un "trastorno de la imagen corporal", no es un problema de nivel socioeconómico, sino psiquiátrico.

También es cierto que en las sociedades rurales se distorsiona menos la imagen corporal, a pesar de que los medios electrónicos difunden los patrones físicos del "éxito". Además, en la pobreza comer bien es un lujo, un privilegio que se valora.

Para concluir, el Dr. Barriguete comentó que entre los factores de riesgo de la anorexia se encuentran las crisis propias de la pubertad, la migración, los antecedentes de depresión, el alcoholismo, la drogadicción, y la obesidad, así como tener ocupaciones que exigen magno esfuerzo físico o excelente apariencia estética (como la actuación, el baile y el deporte).


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