PROCEDIMIENTOS
Síndrome de déficit de atención

Es frecuente escuchar "a mi hijo le diagnosticaron déficit de atención" ¿pero realmente sabe lo que esto significa?, ¿cómo saber si es déficit de atención o algún otro problema?

El déficit de atención tan común en los niños hoy en día, ha existido siempre sólo que con otros calificativos como: el "burro", el inquieto, el inconstante, o el mediocre, entre otros.

Desde 1940 existen estudios que abordan este tema, sin embargo, se le ha dado más importancia en los últimos 20 años.

En los estudios se ha visto que los niños con déficit de atención tienen características específicas, aunque existen variables. Estas son las características más comunes:

  • Son impulsivos
  • Son hiperactivos o muy inquietos
  • Pierden cosas
  • Se les olvidan las cosas
  • Se concentran por periodos muy cortos
  • Se distraen con facilidad
  • Les cuesta trabajo relacionarse
  • Hablan constantemente
  • Tienen un rendimiento académico bajo
  • Presentan problemas en la lecto-escritura
  • Parece que no se ponen retos
  • No acaban lo que empiezan
  • Hacen las cosas al "aventón"
  • No siguen instrucciones
  • Son desorganizados

Sin embargo, presentan características positivas ya que suelen ser muy creativos y espontáneos. Hay que observar detenidamente al niño en casa y en la escuela para poder hacer una evaluación.

Los niños más difíciles de detectar son los que no presentan hiperactividad y no son muy impulsivos, ya que suelen pasar desapercibidos. En la escuela los pueden etiquetar como tranquilos, pareciera que ponen atención cuando están con la mente en otro lado, por ejemplo viendo el puntito que hay en la pared o cómo se mueven las hojas de un árbol.

Es importante mencionar que no tiene nada que ver con la inteligencia, sino con la forma en que funciona el cerebro, hay personajes reconocidos en la historia que encajan con estas características como Wolfgang Amadeus Mozart, Albert Einstein, Walt Disney, y Thomas Edison, entre otros.

Estos niños pueden presentar un grado de frustración muy alto ya que aunque quieran hacer las cosas bien, usualmente no lo logran y constantemente se les está llamando la atención: apúrate, siéntate, concéntrate, levanta la mano, etc. Esto puede hacer que su autoestima se deteriore, pues nunca ven logros con el esfuerzo que realizan.

Imaginemos que quisiéramos practicar algún deporte como esquiar, y que tuviéramos la disciplina para practicar y las ganas de hacerlo bien. ¿Qué pasaría si no tuviéramos el equipo adecuado? Si los esquís fueran demasiado grandes para nuestra estatura, por más que intentáramos controlarlos no llegaríamos a tener un buen resultado y sería frustrante por el esfuerzo y el tiempo invertidados. Lo más probable es que terminaríamos tirando la toalla pensando que somos muy malos para ese deporte.

Esto es lo que le pasa a un niño que cada vez que abre el cuaderno y desea trabajar con limpieza, con letra bonita y sin faltas de ortografía poniendo todo su esfuerzo para hacerlo bien y al final del día la maestra le dice: "¡Qué letra tan terrible! Ya te dije que tienes que trabajar con más limpieza y fijarte en la ortografía". ¿De que le valió su esfuerzo? De todos modos no le quedó bien. ¿Qué pasaría si la maestra le dijera ? "Veo que te estas esforzando, si sigues así pronto vas a mejorar..."

Los estudiosos han llegado a la conclusión que es un factor biológico, que hace que el cerebro funcione de forma distinta, la actividad de los neurotransmisores es la responsable del nivel de concentración o impulsividad que pueda tener un niño. El factor hereditario hay que tomarlo en cuenta cuando se hace un diagnóstico, ya que si alguien en la familia presenta estos rasgos el porcentaje de que alguien más los presente es alto.

No se ha encontrado relación directa entre la dieta y el déficit de atención, sin embargo, si lo puede modificar. Las proteínas, por ejemplo, ayudan a estimular a los neurotransmisores: esto hace que un niño que desayuna proteínas tenga un periodo de concentración un poco más amplio, el nivel de zinc y de antioxidantes también es importante.

Cuando se ha observado al niño y se sospecha que tiene este problema, es necesario llevarlo al neurólogo para que le haga una evaluación y probablemente un electroencefalograma para poder establecer el diagnóstico adecuado. Muchas veces el problema es otro.

Existen medicamentos que dosificados adecuadamente ayudan al niño a concentrarse más y a tener un mejor desempeño, pero no son mágicos y por lo general provocan reacciones secundarias.

Existen también diferentes tipos de terapias que ayudan al niño a crear caminos nuevos en el cerebro y así ayudarlo a madurar. Hay terapias visuales, de aprendizaje, de retroalimentación neurológica y algunas otras. Cada terapia tiene un objetivo específico y se alcanzan logros favorables aunque algunas veces no tan rápido como lo desearíamos.

La constancia en el tratamiento es indispensable para que funcione. Muchas veces se combinan las terapias con los medicamentos para lograr mejores resultados. Poco a poco el niño empieza a reflejar resultados positivos con el tratamiento, no debemos esperar que tenga un desempeño escolar superior inmediatamente, ya que estos niños tienen lagunas importantes en su aprendizaje y es necesario ir eliminándolas para que su rendimiento se note.

Los especialistas no pueden asegurar que el problema desaparezca con la edad ya que esto no es predecible, hay adultos que aún con tratamiento tienen rasgos de hiperactividad, impulsividad o algún otro. Sabemos que tratándolos adecuadamente tienen más posibilidades de lograr un mejor desempeño escolar y tener una buena autoestima. La comunicación entre el médico, terapista, familia y escuela es de vital importancia ya que es la única forma de saber si el tratamiento está funcionando adecuadamente.

Autor: Marisa Franco
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